18 de febrero de 2014

La Marcala que yo recuerdo 51

 Por: Oscar Mauricio   Ramos Henríquez

Siguiendo con los personajes que he conocido a lo largo de mi vida, está don Beto Medina, que aún vive y que ya transita por su novena década de existencia; su papá fue el coronel Medina que era el dueño de parte de las tierras en el campo Colón (creo que el otro dueño era el padre Salgado) y que permutó con unas tierras en Ocotal Oscuro para que hicieran allí la pista de aterrizaje.-  Él mismo trabajó  en la punta norte de esa pista para lograr el kilómetro de largo que requería la misma para que fuera aprobada por aeronáutica civil (anteriormente la pista se ubicaba en los llanos de San Antonio).
Es interesante platicar con gente mayor porque lo trasladan a tiempos pasados donde la rutina del pueblo era más lenta, un viaje a Tegucigalpa implicaba por lo menos dos o tres días de ida y otros tantos de vuelta, no como ahora que usted se puede ir por la mañana, hacer sus “diligencias” (mandados) y estar de nuevo en su casa por la tarde.- A mí en mi niñez me tocó todavía los viajes de un día para ir, uno para hacer los mandados y otro para regresar pues el transporte salía en la madrugada tanto de Tegus como de Marcala y solo había un viaje, pues no había tanta gente que viajara como ahora donde usted puede escoger diferentes empresas y horarios para hacerlo (por cierto que el servicio era tan personalizado que lo iban a buscar a su propia casa tanto en Tegus como en Marcala).- Siempre me gusta preguntarle a la gente mayor cuál es el secreto de su longevidad y como común denominador responden que la vida hay que llevarla con tranquilidad (sin sofocos); lo único que no me gusta de don Beto es que me dice que cuando él se muera, se va a llevar un “acompañante” del barrio y que viva más abajo de la casa donde él vive,  con tal que no me “eche el ojo a mí” todo va bien.
Una ya fallecida que conocí fue Concha Montes que era una mujer de tez trigueña oscura, de rasgos muy atractivos (a pesar de que la conocí ya mayor) y que tenían una forma peculiar de vivir su vida; quería mucho a tía Albita y a mi abuela, con mi mamá no congeniaban  y tenían su forma de pelear ; a mi mamá la llamaba “Raymunda” en alusión a mi bisabuelo Raymundo que era un señor muy enojado.- Mi abuela  debió de haberla querido mucho pues la fue a visitar en su lecho de muerte; mi abuela no era muy dada a andar visitando gente, solo recuerdo que visitaba a la señorita Medarda Montoya (la niña Lala) que vivía enfrente de la escuela Marco.– …. Seguirá

Publicado por El Marcalino
Edición 330, 28 de enero del 2014.


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