19 de noviembre de 2013

La Marcala que yo recuerdo 47

Por: Oscar Mauricio   Ramos   Henríquez

La primera dice que durante los acontecimientos del 28 de junio él andaba apoyando a Mel en el departamento de El Paraíso, frontera con Nicaragua y que cuando el ex presidente levantó la cadena esquivó el golpe de la misma, solo le pasó rozando la cara pero le quitó el sombrero el cual voló por los aires y fue utilizado como “chira” (vocablo que en algunas ocasiones como ésta define las bombas que se inflan y se ponen de adorno en las fiestas y otras veces define la boca) y que solo lo miraba ir de un lado a otro en aquel mar de gente.
La segunda es que lo perdió en unos zarzales cuando iba en carrera abierta escapando de una “gaseada” que eran muy comunes en ese entonces.
Para aclarar la primera versión habría que hacerlo en un organismo internacional pues no se sabe si el artículo en mención quedó en Honduras o fue a parar a tierras Nicaragüenses; ahora si es la segunda versión se haría de manera doméstica y solo se necesitaría un perito forense para ver si encuentra vestigios del susodicho; lo único puntual de este caso es que el doctor en solidaridad, como reconocimiento y en memoria del sombrerito “caído en acción” no ha comprado el sustituto hasta el momento en que escribo.
Pero a Miguel también le han sucedido algunas buenas como la que le pasó hace algún tiempo.- Él tiene por costumbre dejar estacionado su automóvil en el parque soberanía, enfrente de la casa Osorio (donde está un banco), cuando uno tiene una rutina, aduce que lo hace todos los días, ya lo hizo, y a veces no lo es; pues ese día fue a pagar unas cuentas, estuvo en el taller  donde Trejo bromeando, compró algunas verduras y luego dispuso a irse para su casa, pero al llegar enfrente del banco, su camioneta negra no estaba.-“Vaya”, dijo para sus adentros, “ya  me pasó las de Samuèl” (a  Samuel Sorto le habían robado un pick up hacía algunos días), los amigos que lo vieron lo notaron diferente, triste, melancólico; algunos le preguntaron qué le pasaba, pero él no quería hablar del asunto.- En eso lo llamaron a la alcaldía para resolver un problema de la comisión de deportes, casi sin ganas fue y después salió con la idea de tomar un taxi que lo llevara hasta su casa en San Rafael, mientras esperaba se sentó en una banca del parque frente a casa gloria pensando en cómo había perdido el carrito y que tan económico y bueno le había salido.- Tanta falta me hace que hasta estoy viendo uno muy parecido al mío, pero luego lo quedó viendo bien y descubrió que era su camionetia; lo que había pasado era que cuando quiso estacionarse ese día en el lugar de costumbre, no había espacio y tuvo que hacerlo al otro lado del parque, allí le volvió  “el alma al cuerpo” y volvió a tener el mismo buen humor que de costumbre.
Continuará…
Publicado por El Marcalino

Edición 325, 12 de noviembre del 2013.

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