27 de agosto de 2013

La Marcala que yo recuerdo 35

 Por: Oscar Mauricio Ramos Henríquez
le quedó tiempo para visitar algunos compañeros de juego, de escuela y a otras personas como doña Anita Guzmán (la mamá de la profe Adilia) quien le remendaba los pantalones porque subido en los palos o deslizándose en la grama no duraban mucho y en ese tiempo, un pantalón tenía que durar por lo menos un año, o a mi abuela que fue su profesora en primer grado; fue también en esta época que compró un terreno al lado norte de Marcala (que prácticamente llegaba hasta donde hoy está el barrio “la tejera”) para hacer una colonia; este terreno fue el antiguo cementerio de la ciudad hasta bien entrado el siglo diecinueve y es ahora la  colonia “melgar Castro” que si mal no recuerdo su aporte fue de treinta y cinco mil lempiras; lo que no supe muy bien es si hubo una contraparte de la alcaldía, casi nadie quería vivir allí porque decían que quedaba “muy largo”, pero treinta años después se ha convertido prácticamente en el centro de la ciudad; ya van a ver ustedes cuando se habrá la pavimentada hacia La Esperanza, como se va poblar esa zona (si es que algún día terminan ese proyecto) . – Por eso bien dice la canción que “nada es eterno en la vida “ y que “al final no queda ni la tumba, ni la cruz”; me imagino que algunos de los viejos vecinos del barrio “la tejera”  que tienen sesenta años o más se acuerdan de ese potrero que tenía muchos arbustos de guayabilla que es una guayaba más  ácida que la común y de algunos montículos que eran restos de tumbas que aún quedaban, además de unas especies de lagunas que se hacían en ese lugar.
Han pasado cuarenta y cuatro años  de la guerra “del futbol”, que fue la excusa para liberar tensiones sociales del pueblo salvadoreño, aunque después les fue peor con la convulsión social que se les vino con la guerrilla.- De acuerdo a la edad, así vivimos esa faceta de la historia hondureña; yo tenía ocho años y pues más fue de juegos y bañadas en el rio de Sigamane, donde junto con otros trece niños y niñas pasamos ese casi mes de refugiados (éramos tres familias las que vivimos en esa casa de mi abuela); durante ese tiempo no pude ver mis series favoritas de televisión como “mi marciano favorito”, “batman” “esper” o “el llanero solitario”, pero todas las aventuras que viví durante ese mes lo compensaron.- El queso se puso carísimo, a lempira la libra y los huevos escaseaban y se compraban a diez centavos, solo el café no subió de precio (como siempre).
Continuará….
Publicado Por El Marcalino

Edición 313, 20 de agosto del 2013.

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