9 de agosto de 2013

La Marcala que yo recuerdo 33

Por: Oscar Mauricio Ramos Henríquez

Los “guatos” (gemelos) Carlos y Moncho Sánchez hacían lo propio con un caballo que era de mi abuela y que lo  dejaba en un terreno que tenía en  el barrio agua escondida, pero el Moncho era el que le daba una mazorca de maíz todos los días; así se había ganado el cariño y atención de aquel caballo que  luego lo montaba  hasta que se cansaba.- En una ocasión llevó a Carlos,  su gemelo diciéndole que fueran andar montados,  pero no le dijo toda la verdad y al estar en el potrero llamó al caballo, ¡¡¡¡CHU,CHU,CHU CHU,CHU!!!!.- al oír esto, el caballo retozó de la alegría porque sabía que ya venía la comida, salió de un manzanal que tenía el potrero y corrió hacia donde escuchó la voz, Moncho se subió a un palo de manzanas pedorras y Carlos que no sabía de esta rutina, al ver que el caballo venía en su dirección, no sabía qué hacer hasta que Moncho le gritó: ¡¡¡¡Corre que ese caballo te va a morder!!!! Y así  salió a la carrera con el caballo siguiéndolo, casi mordiéndole la espalda hasta que logró hacerse una volada por un cerco a la propiedad  vecina, mientras el Moncho se moría de la risa por aquella aventura que vivía su hermano.- Eran buenas las bromitas que se hacían entre ellos ¿verdad?.... También habían inventado bañarse  cuando bajaba la creciente del rio Guaralape, se tiraban desde el último puente que une a los barrios Concepción y San Miguel e iban a parar hasta una parra de bambú que aún está en la propiedad de don Héctor Argueta Q.E.P.D. hasta que le contaron a la mamá y se ganaron una buena “penqueada”.  (macaneada)
Cazar era uno de los deportes que se practicaba en aquellos tiempos; yo tengo unos vecinos que eran muy aficionados al mismo.- Una vez el mayor de ellos se fue a cazar con mi amigo Freddy Pérez .-En la oscuridad de la noche y con la lámpara de cazador vieron el reflejo de unos ojos pero estaban indecisos porque los miraban muy pequeños (según Freddy) pero el otro le insistía que era un  venado joven por la altura así que le disparó, BANNNNG!!!!, desaparecieron los ojitos, fueron al sitio donde suponían había caído la presa y no encontraron nada; “yo le pegué, estoy seguro, por aquí debe estar” insistía el tirador, fue infructuosa la búsqueda, así que continuaron su cacería.- Ya de regreso y con la luz del día volvieron a pasar por el sitio y si encontraron la presa.- Lo que había pasado es que lo que habían matado era un gato de monte que descansaba en una rama que fue su última morada pues al pobre se “lo echaron con toda y sus siete vidas”
 Continuará….
Publicado por El Marcalino
Edición 311, 06 de agosto del 2013.


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