21 de octubre de 2012

Los bolitos 2


Los bolitos mueren despacio, todos los días, no importa la clase social a que pertenezcan. Mueren lentamente los bolitos envenenándose con charamila (alcohol ordinario de quemar con agua), envenenándose con todo tipo de aguardiente, ron de marcas diferentes o whisky importado.
Bolo es bolo decía mi abuela. Andrajoso, hediondo, bien vestido o perfumado, con plata o miserable. Bolo es bolo.
Los bolitos mueren así, conviviendo con sus compañeros de parranda hablando de la vida y llamando la muerte.
Ellos saben muy bien que el gobierno y los políticos le ponen precio a su muerte. Los miles de millones de Lempiras que recibe el régimen por el pago de impuestos, de los productores de bebidas alcohólicas, enceguecen a los gobernantes que tanto hablan de amor al pueblo.
Los bolitos ni se imaginan que los politiqueros, que les dan su trago venenoso en las concentraciones a cambio de un viva o de agitar las banderas rojas o azules. Los bolitos de todo el mundo y sus familias saben del Cinismo hipócrita de la frase, que con letras chiquititas e ilegibles aparece en las cajas y botellas de licor: “Advertencia: el consumo de este producto daña la salud”. Los bolitos, tienen la seguridad que al morir, sus hijos y toda su familia serán los únicos acompañantes y dolientes verdaderos.
Durante el mes de junio de este 2012 murieron en la zona central de Honduras, en Siguatepeque y comunidades vecinas, más o menos cincuenta enfermos alcohólicos (bolitos). El licor que consumieron fue adulterado. Se pronunciaron sobre las muertes de los bolitos, las autoridades principales del país, trajeron investigadores extranjeros para que dieran con la identidad de los culpables de este asesinato masivo.
No dudo al pensar que los bolitos, así como los más pobres de Honduras, estaban seguros que la justicia nunca estaría de su parte. que los gobernantes actuales y sus grupos políticos jamás se interesarán en serio de la justicia y el bienestar de los más pobres.          

Escribe Melvin Martínez

Publicado por El Marcalino
Edición 272, 16 de octubre del 2012

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