9 de septiembre de 2012

La Honduras a partir del 2014: Entre el optimismo y la incertidumbre


Por Jorge Barralaga

Tengo la suerte de conversar y escuchar a mucha gente que no conozco y por eso lo hago sin prejuicio, eso me permite valorar mejor la atmósfera que la sociedad hondureña vive en este período pre-electoral. Me refiero a gente humilde y empobrecida, que  al final del día solo espera haber sobrevivido, sin la esperanza de un cambio significativo en sus vidas.
Resumo de esas pláticas que todos (as) están recibiendo información de lo que acontece en el país, aún de los medios oligárquicos, pero ahora la procesan diferente y ahí se produce un fenómeno nuevo; unos se muestran optimistas ante la expectativa de cambios políticos reales y otros, sin expresar preocupación, solo muestran incertidumbre y curiosidad, mucha curiosidad ante un eventual desplazamiento político de los actuales grupos de poder. Que los (as) pobres no sientan que pierden si “sus partidos” tradicionales son deslazados del poder, no debe sorprender a nadie, es porque no tienen nada que perder; por el contrario, entienden que podría detenerse la entrega de sus recursos naturales a las empresas mineras e hidroeléctricas, eso lo saben ahora  pero, sin llegar a entender del todo como es que esos partidos son responsables de tales decisiones.
Está claro que los únicos perdedores serían los que ahora detentan el poder económico y político y sus activistas, solo unos cuantos (as) y nadie más; pero, no falta la pregunta obligada;  ¿No es acaso demasiado optimismo asumir que esos grupos de poder serán desplazados?, pues no y la explicación es sencilla. En el peor de los casos, LIBRE no gana la presidencia pero colocará en el congreso una cantidad de diputados (as) capaz de meter en crisis a la oligarquía gobernante.
Esta no es la meta pero con certeza, sí se podrá desmontar el aparato de corrupción existente en todos los poderes del Estado, se tendrá la capacidad de convocar con mayor fuerza al movimiento social y a todo el pueblo hondureño para detener decisiones que ahora se toman de forma unilateral, tal es el caso de las ciudades modelo, la represión contra el movimiento campesino y magisterial, las concesiones amañadas a empresarios oportunistas y al capital transnacional.

Es en ese proceso de lucha social y política que cada ciudadano (a) adquiere conciencia social, es ahí donde se toma posición política, se gana capacidad de análisis y se convierte en militante para la construcción de la sociedad justa y democrática que la mayoría del pueblo hondureño anhela, hasta realizarse como ser humano en lo material, social y espiritual. Por estas razones soy uno de los optimistas sobre la Honduras a partir del 2014.

Publicado por El Marcalino
Edición 266, 4 de septiembre del 2012

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