2 de septiembre de 2012

Actos irrenunciables


Recordar, compartir, reír, contar, reconocer y gozar. Encontrarse, mirarse, hacerse justicia con la palabra, anecdotarse la vida, recrear el amor y abandonar la impotencia. Todos estos son actos irrenunciables. Sobre todo el mágico y maravilloso acto de vivir en la intensidad de los minutos como gotas, como suspiros y besos.
Falta de renuncia es la vida de doña Bertita, que ha hecho todo lo que una vida y muchas más podrían hacer,  en un camino que se abrió entre pinares y liquidámbares, ante la ignominia de un tiempo de machos, militares y corruptos. Acompañada por seres particulares que escogen luchar  como forma de vivir y poner sus inteligencias y dones para para acompañar a otros seres. Homenajeada este 25 de agosto del 2012 por iniciativa del centro cultural Malayerba y el COPINH quiénes impulsadas por el deseo de mirarse en el agua clara de un rostro que arrimando a los ochenta guarda el sol, el viento y la belleza de esta tierra intibucana, conspiraron en tiempos y actos para hacer un programa lleno de música, poesía y memorias de dignidad.
A doña Bertita le sobraron ese día las rosas y los abrazos; los agradecimientos multiplicados, los encuentros y las ausencias. Le cantaron los del grupo Sidharta, el Coro corazón lenca y el dúo de la ENO. Le danzaron y actuaron los del teatro Zalabanquira, la saludaron virtualmente y le recuperaron de todas partes de su vida e imágenes, historias que no acabaron de contarse, a pesar de que estuvimos en celebración por más de cuatro horas.  Cómo contar esta historia intensa de una mujer que defendió siempre su derecho y los de otras y otros.  Con cohetes de vara se abrió el programa, a la usanza de los pueblos campesinos y con el copal de los lencas que sahumeria y reparte la buena energía. De ahí se inició una serie de actuaciones programadas para construir un evento inolvidable.
En el corazón de esta actividad ella tomó la palabra para decirnos: “Quiero ofrecer este homenaje a todos los y las que luchan por un mundo sin violencia, sin discriminación ni egoísmos, sin envidia, sin pobreza. Por un mundo lleno de amor, de buena tolerancia, de respeto, de ternura, de convivencia armónica”.
La gente de la Esperanza tuvo una tarde de paz, entre tantas nubes de guerra. El acto irrenunciable se grabó en nuestros territorios íntimos. Y así seguimos todavía, celebrando la vida que nos conmueve, que nos muestra caminos, que no se entrega sino a la pasión de ser vivida como merece la pena.

Melissa Cardoza, La Esperanza, 27 de agosto 2012

Publicado por El Marcalino
Edición 265, 28 de agosto del 2012

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