30 de mayo de 2011

Crónicas urbanas: crónica de un espectáculo


Por Jaime Suazo

Faltaba muy poco para la una de la tarde del día domingo 22 de mayo, cuando después de ver la final del futbol mexicano, nos dirigimos al estadio regional de Marcala. La primera imagen al ingresar al mismo fue una impresionante asistencia como solo la magia del futbol la  puede producir. Era la fiesta grande del futbol departamental como se había predicho algún tiempo atrás al afirmar que lo mejor del futbol estaba en Marcala y que la final departamental podía tener lugar acá. Trompetas, bombos y vivas sonaban con pasión en las graderías y en la periferia del terreno de juego, instantes antes que dos grandes del futbol local midieran su poderío futbolístico en un acto que no sería otra cosa que una fiesta.
Comenzó el encuentro con excesiva marca que opacaba el talentoso futbol que ambos equipos eran capaces de ofrecer, acto que fue repetitivo durante el partido por la presión y el impacto adverso que generaba un gol en ambos bandos lo que alejaba la oportunidad de ver un futbol suelto, talentoso y menos conservador entre los participantes.
Ganó el mejor, así lo dice la poca lógica del futbol, el que puso la experiencia sobre el ímpetu juvenil del rival, el que cometió menos errores y sacó provecho de los ajenos. Ver dos  grandes del futbol marcalino en una final ya era un triunfo, lo demás era el título de campeón y el boleto a una nueva fase, pero la alegría que generó ver toda una ciudad pendiente de un solo espectáculo es algo inolvidable si pensamos en la enorme cantidad de asistentes en el estadio y los miles que en sus quehaceres hogareños o laborales disfrutaban con pasión el sentimiento mágico del futbol.
Ganó el Unión Maya y repitió por enésima vez su grandeza, el Lasser se portó a la altura de todo un sub campeón y agrandó su historial futbolístico de una gran institución. Así se cerró la fiesta grande del futbol, un orgullo para la ciudad, algo de lo que fueron testigos muchos visitantes de poblados cercanos. Claro, no podíamos  cerrar sin escribir el Felicidades Campeones y también censurar, repudiar y aborrecer un pequeño espectáculo de vergüenza e incultura de un pequeño grupo que no pertenecen a la gran mayoría que degustamos del futbol como un arte.

 Publicado por El Marcalino
Edición 200, 24 de mayo del 2011

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