17 de julio de 2014

Los ojos de los bueyes

 ¡Los he visto tan tristes, que me cuesta pensar cómo siendo tan tristes, nunca puedan     llorar!...
Y siempre son así: ya sea que la tarde los bese con sus besos de suaves arreboles, o que la noche clara los mire con sus soles, o que la fronda alegre con su sombra los guarde…
Ya ascendido la cuesta que lleva al caserío, entre glaucas hileras de cafetos en flor… o mirando las aguas de algún murmurador arroyuelo que corre bajo un bosque sombrío…
¿Qué tendrán esos ojos que siempre están soñando y siempre están abiertos?... ¡siempre húmedos y vagos y sombríos e inciertos, cual si siempre estuviesen en silencio implorando!
Una vez, en la senda de una gruta florida yo vi un buey solitario que miraba los suelos con insistencia larga, como si en sus anhelos fuera buscando, ansioso, la libertad perdida...    
Y otra vez bajo un árbol y junto a la carreta cargada de manojos, y más tarde en la hondura de una limpia quebrada, y en la inmensa llanura, y a la luz de un ocaso de púrpura y violeta…
¡Siempre tristes y vagos los ojos de esos reyes que ahora son esclavos! Yo no puedo pensar cómo, siendo tan tristes, nunca puedan llorar los ojos de los bueyes…
Alfredo Espino/El Salvador

Publicado por El Marcalino

Edición 347, 10 de junio del 2014.

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