29 de diciembre de 2013

La Marcala que yo recuerdo 50

Por: Oscar Mauricio Ramos Henríquez
 Una vez que realmente jugué con ganas una potra de futbol, me pasó una buena pues recién andaba estrenando unos zapatos “cosmos” muy bonitos (esa marca era salvadoreña, además de la “adoc”).- Pues allá llegué yo frente a mi abuela diciéndole que los zapatos no me habían durado y que me comprara otros; mi abuela que no era fácil de engañar solo me dijo: “esos zapatos, son muy buenos y no son baratos, tiene usted razón, hay que comprarle otros pues el nieto de doña Rosita no puede ir descalzo a la escuela, pero le vamos a comprar unos que le duren un poco más y nos dirigimos a un taller de zapatería que tenía don Obdulio Urquìa en una casa que ya no existe camino al baño tibio (entre el barrio Concepción y el barrio Morazán) que era de una señora que se llamaba doña Clarita.- Ya le explicó mi abuela lo que quería y don Obdulio se puso manos a la obra pues yo no tenía zapatos para ir a la escuela; me acuerdo que la plantilla era de suela (no de material sintético como ahora)  y yo no sé cómo los elaboró pero creo que los costuró, los pegó, los clavó  y los remachó porque aquellos zapatos me duraron como mil años y esto que yo me metía a los charcos, jugaba pelota, bueno, en fin, hacía de todo para gastarlos y librarme de ellos porque no me gustaban pues la “horma” (el modelo) era muy antigua y solo me libré de ellos porque el pie me fue creciendo y llegó un momento en que no me quedaron, sino, creo que todavía estuvieran por allí; así era la forma de corregir y castigar que tenía mi abuela.
Publicado por El Marcalino

Edición 328, 10 de diciembre del 2013.

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