19 de noviembre de 2013

La Marcala que yo recuerdo 46

Por: Oscar Mauricio   Ramos   Henríquez 
Pues producto de eso, en esa casa de esquina se daban hechos sobrenaturales como ruidos extraños de platos quebrándose, puertas que cerraban solas, oleadas de fríos inusuales, percepción de que alguien estaba parado junto a uno, en fin, esta historia la pueden corroborar unos amigos dueños de un negocio de venta y arreglo de baterías que también vivieron allí y que ahora viven cerca de “la pirámide”.- Pues en una de esas ocasiones, relata Fonchito que se le apareció en el cuarto de la esquina, de cuerpo entero haciendo señas que no podía hablar; con los nervios de acero que el protagonista de la historia tiene, se dirigió a ella diciéndole: “no se preocupe por su hijo que está bien, vaya y descanse en paz” .- Así vio como el ente salió atravesando la puerta de la esquina.- Fue a donde el papá de la occisa para comentarle lo que había sucedido solo para darse cuenta que estaba pronta a cumplir años, le mandaron a oficiar una misa y los ruidos desaparecieron.
El “campo colón” como los que ya tenemos cierta edad lo conocemos, es un sitio de  reunión sana de los pocos que quedan en Marcala  (por lo menos durante el día), allí uno encuentra diferentes tipos de grupos desde gente de edad hasta muy niños .- En el grupo en que yo me llevo hay personas muy especiales que uno puede estar gran parte del día sin aburrirse como lo que me sucede con Miguel Mejía Pereira que es único para contar chistes, anécdotas o frases como “hay menen” (hay vienen) que es en alusión a un personaje que llegaba al campo, que ahora vive en Estados Unidos y que tenía problema de fonación o la broma que le hizo a otro amigo que se llama Oscar que se dedica a sacar arena y que en el medio tiempo de un partido que estaba jugando le dijo: “hoy negro, allá está un camión cargando la arena que sacaste del rio”, y aquel hombre salió en la bicicleta como “alma que se la lleva el diablo”, le puso el turbo, se le olvido que andaba en uniforme, se le olvidó el partido, solo para darse cuenta que era una broma, lo peor es que era uno de los mejores jugadores del equipo y no se supo si por pena o por enojo, no volvió y si les hizo falta en el segundo tiempo.- Otro caso que no pierde vigencia y es recordado muy a menudo es el de un sombrero que pertenecía a un muy querido y conocido odontólogo de esta ciudad del cual existen dos versiones:
Continuará…

Publicado por El Marcalino

Edición 324, 06 de noviembre del 2013.

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