28 de octubre de 2013

La Marcala que yo recuerdo 44

Por: Oscar Mauricio   Ramos   Henríquez
Y es que la semana santa se presta para muchas cosas como por ejemplo el regreso de marcalinos a la tierra que los vio nacer; algunos vienen orgullosos por los logros alcanzados,  carreras brillantes que han desarrollado en otros países o lugares del territorio nacional, otros vienen con la moral “aporriadita” por no tener el éxito que pensaban tener y casi ni salen de la casa de los parientes para evitar contestar las preguntas de rigor, porque vienen sin pisto , como dicen “derrotados y sin cariño”.
A  uno que le fue excelentemente bien fue a don Popo Bonilla en el departamento de Cortés donde vivió por muchas décadas y fue muy apreciado a tal extremo que al  momento de su entierro aquí en Marcala, muchos de sus amigos de aquellas tierras vinieron a darle el último adiós, eso ya dice mucho de lo noble e importante que fue por aquellos lugares .-  Eso sí , nunca se olvidó de su tierra  .- Pues en una semana santa a principios de la década del ochenta, en el “bum” del café  y fruto de una buena temporada que había tenido, se apareció con un hermoso Toyota land cruiser tipo jeep con llantas anchas que era una de las aspiraciones de cualquier cafetalero “pistudo” y a  uno sus hijos, Policarpo (si, el tío Polly) le había regalado una camionetia muy juvenil  marca Volkswagen brassilia de dos puertas y de color rojo, en esos tiempos era muy poco común ver un jovenzuelo ( no sé si tendría los 18 años) propietario de su  automóvil, pero lo que sí recuerdo es que gozó mucho esas vacaciones y un pasatiempo favorito que se inventó era ir con el carrito junto con algunos de sus primos a pasar “quebrada honda” (en ese tiempo no había puente o sea que había que cruzar por el rio), agarrar algo de velocidad y al llegar al rio, desplazar el agua.- Ese modelo de auto es sellado por bajo lo que le permitía  “flotar” durante algunos instantes y luego salir a la otra orilla, era un buen espectáculo y como lo repetía unas cuantas veces, siempre había más de un espectador.- y también siempre hay más de alguno que se “pica” y trata de hacer  lo mismo; pues esta no fue la excepción y otro marcalino no tan jovenzuelo pero si con un datsun azul que le había comprado la mamá en esa época de precios buenos del café; lo intentó  hacer, solo que el escenario que escogió para dicha hazaña fue  “la chorrera”; hizo “chillar” las llantas de la “pailita” sobre el llano, entró a la poza larga de la chorrera (la poza de arriba) a una buena velocidad, desplazó una cantidad increíble de agua y a un poco más de la mitad de la poza el carro se  apagó,  comenzó a  “tragar” agua y a hundirse, glu,glu.glu, y hasta allí llegó, el carrito, se “fundió”; pues si allí era más hondo, no había carretera para salir al otro lado, el carro no era sellado y además era más pesado, pero quien para saber todo esto  cuando uno es  “nuevo” en la conducción, mantenimiento y cuidado de un carro; hay se lo trajeron remolcado con un camión, pero si aprendió la lección pues el siguiente datsun que le compraron creo que hasta lo cuidó  más de la cuenta.
Publicado por El Marcalino
Edición 322, 22 de octubre del 2013.


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